
Hace unos días leí en el periódico una serie de artículos sobre ciudades sostenibles o ecociudades donde se describían los diferentes cambios que han sufrido, tanto pequeñas como grandes localidades, en su modelo de desarrollo urbano.
Se ha producido un cambio drástico en su modelo consiguiendo urbes enfocadas a vivir en un ambiente menos dominado por el estrés y la contaminación. Las denominadas ecociudades o ciudades sostenibles como pueden ser Pórtland, Vancouver, Seattle, Curitiba o San Francisco, defienden un modelo más humano de las capitales.
Este cambio se debe a una gran cantidad de ciudadanos que han mostrado a sus políticos que conseguir una ciudad más humana y sostenible no precisa tanto tiempo ni tanta inversión como se cree. Se ha reinventado el espacio urbano dotándolo de carriles bici en el centro y periferia de las ciudades para disminuir la huella de carbono de cada habitante, de masas de vegetación, de tejados verdes, de transportes públicos ecológicos y otros muchos recursos que transforman las metrópolis en lugares más habitables y naturales.
Los precursores de este movimiento denominado City Repair, cuya misión es “transformar creativamente” los lugares en los que viven; defienden y han demostrado que cualquier ciudad puede mejorar radicalmente su calidad de vida en un plazo de tres o cuatro años. Ellos mismos lo demostraron haciéndolo con sus propias manos.
Este tipo de urbes se han ido desarrollando a lo largo del siglo XX ante la presencia mayoritaria de la humanidad en ciudades y el abandono masivo del campo. Ya en este año 2008 la mitad de la humanidad habita en capitales.
Lejos de lo que podríamos pensar, el modelo de ciudad con una elevada densidad de población es más sostenible que el modelo de localidades dispersas con viviendas adosadas por diversas razones; los desplazamientos no precisan de coches ya que el transporte público está muy desarrollado, disminuye el consumo de agua y de energía, reduce los residuos, etc.
Estas iniciativas se desarrollan porque existe una conciencia social hacia la búsqueda del bienestar que defiende que en un buen estado del planeta está ligado con la salud de las ciudades. Se busca un ambiente urbano donde exista un contacto muy directo con la naturaleza, la justicia ambiental que reclama el derecho a un entorno sano y comida limpia para todos.
En este sentido es donde “la educación sostenible” toma protagonismo para hacer que cada vez sea mayor el número de personas que defiendan las ecociudades, que los niños que en un futuro serán los profesionales que se encarguen del desarrollo de los modelos urbanos, de la gestión de los recursos, del diseño de las infraestructuras y de todas las acciones encaminadas a conseguir un mayor desarrollo y bienestar de la humanidad sólo conciban esto bajo la premisa de la Sostenibilidad.
Se ha producido un cambio drástico en su modelo consiguiendo urbes enfocadas a vivir en un ambiente menos dominado por el estrés y la contaminación. Las denominadas ecociudades o ciudades sostenibles como pueden ser Pórtland, Vancouver, Seattle, Curitiba o San Francisco, defienden un modelo más humano de las capitales.
Este cambio se debe a una gran cantidad de ciudadanos que han mostrado a sus políticos que conseguir una ciudad más humana y sostenible no precisa tanto tiempo ni tanta inversión como se cree. Se ha reinventado el espacio urbano dotándolo de carriles bici en el centro y periferia de las ciudades para disminuir la huella de carbono de cada habitante, de masas de vegetación, de tejados verdes, de transportes públicos ecológicos y otros muchos recursos que transforman las metrópolis en lugares más habitables y naturales.
Los precursores de este movimiento denominado City Repair, cuya misión es “transformar creativamente” los lugares en los que viven; defienden y han demostrado que cualquier ciudad puede mejorar radicalmente su calidad de vida en un plazo de tres o cuatro años. Ellos mismos lo demostraron haciéndolo con sus propias manos.
Este tipo de urbes se han ido desarrollando a lo largo del siglo XX ante la presencia mayoritaria de la humanidad en ciudades y el abandono masivo del campo. Ya en este año 2008 la mitad de la humanidad habita en capitales.
Lejos de lo que podríamos pensar, el modelo de ciudad con una elevada densidad de población es más sostenible que el modelo de localidades dispersas con viviendas adosadas por diversas razones; los desplazamientos no precisan de coches ya que el transporte público está muy desarrollado, disminuye el consumo de agua y de energía, reduce los residuos, etc.
Estas iniciativas se desarrollan porque existe una conciencia social hacia la búsqueda del bienestar que defiende que en un buen estado del planeta está ligado con la salud de las ciudades. Se busca un ambiente urbano donde exista un contacto muy directo con la naturaleza, la justicia ambiental que reclama el derecho a un entorno sano y comida limpia para todos.
En este sentido es donde “la educación sostenible” toma protagonismo para hacer que cada vez sea mayor el número de personas que defiendan las ecociudades, que los niños que en un futuro serán los profesionales que se encarguen del desarrollo de los modelos urbanos, de la gestión de los recursos, del diseño de las infraestructuras y de todas las acciones encaminadas a conseguir un mayor desarrollo y bienestar de la humanidad sólo conciban esto bajo la premisa de la Sostenibilidad.